lunes, 12 de diciembre de 2011

Poemario "Sirena" de Rubén Aguilar

María Zambrano decía que “El poeta vive según la carne y más aún, dentro de ella”. La escritora española tenía razón porque la poesía representa en sí misma; la constante lucha del poeta con la carne. El orfebre de la palabra la penetra poco a poco y se hace poseedor de ella, mas esa posesión es falsa pues él se convierte en esclavo de los placeres que la carne despierta y se subyuga a los mandatos que esta le dicta. En ese juego terrenal donde “la locura del cuerpo” parece gobernar, aparece el amor como elemento redentor y establece la relación dialéctica entre el placer lujurioso y nefasto de “las cosas del cuerpo” y la atemporal necesidad del complemento y la dualidad universal. Estas dos cosas que son necesarias para definir el amor, las ha reflejado la poesía desde tiempos inmemoriales y las sigue reflejando hoy en la poesía de Rubén Aguilar.
Los poemas que conforman “Sirena” (divididos en dos partes) muestran esa alegoría al amor tan universal y tan común en nosotros los mortales: el amor por la amada, por la musa, por “la sirena” que nos atrapa con las redes de su cuerpo y que, con su mágica voz, nos endulza el alma y no excita el cuerpo. La poesía de Rubén Aguilar nos recrea un universo despoblado de seres inertes, un lugar donde solo la voz poética, la amada y el mar, hábitat de su sirena, son los protagonistas del edén que los versos recrea.
El lenguaje presenta la realidad y la literatura la recrea. El poemario “Sirena” nos permite, a través de la lectura de sus versos, recrear la realidad de lo ya vivido, lo ya soñado, pero que se seguirá multiplicando sin descanso en nuestra corta, aunque inmortal condición humana.

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