En A puerta cerrada, Jean Paul Sartre nos hace pensar lo impensable: la existencia de un infierno con rasgos terrenales que se materializa en la conciencia de quienes lo conforman. Tres son los personajes centrales de esta extraordinaria obra teatral: Garcín, Inés y Estelle. Ellos, conocedores de su inmaterialidad, son conscientes de su culpa mas no muestran remordimiento alguno y esperan, con tranquilidad, la condena. Estos “pecadores” son conducidos por un mayordomo a una habitación de hotel: un salón estilo segundo Imperio. En este recinto, de espectrales sonidos y sueños dantescos, sufrirán la angustia de esperar a un verdugo que los ejecutará por sus “actos pecaminosos”. La angustia se acrecienta cuando pasan las horas y tienen que soportar la mirada del otro; la sensación de ser observado por personas que son capaces de generar terribles momentos: el infierno que cada uno es y refleja en los demás. A puerta cerrada revela los sentimientos y los vicios más nefastos que gobiernan a la humanidad y que hacen del mundo un infierno. Al final, el verdugo no llega y Garcín pronuncia la famosa sentencia sartreana: no hay necesidad de fuego, el infierno son los demás.
Espacio dedicado a la publicación de curiosidades académicas en el marco de la investigación y la creación.
viernes, 26 de agosto de 2011
martes, 23 de agosto de 2011
La puta respetuosa (Jean Paul Sartre)
La puta respetuosa es el nombre de una obra teatral de Jean Paul Sartre. En ella se escenifica de manera directa y realista la discriminación racial y los prejuicios que subyacen en una sociedad que juzga a sus integrantes a partir de su condición. El drama vislumbra el dominio del relativismo ético sobre las bases inestables de una efímera moral que se ve consumida por la corrupción política y el absurdo de lo irracional. Esta pieza teatral cuya división se da en dos cuadros de tres actos cada uno, representa una dura crítica a la sociedad norteamericana que durante mucho tiempo fue gobernada por el odio hacia la gente de color negro. Su actor central, Lizzie, es esa suerte de heroína contemporánea enfrentada a un sistema que la obliga a elegir entre decir la verdad y desafiar el poder político y económico o sacrificar la inocente vida de un hombre negro. Lizzie, víctima de todo esto, debe resolver esa contradicción que la angustia y la hace más humana, asimismo, tendrá que enfrentarse –sin querer- a una sociedad que la juzga por lo que es: una prostituta.
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